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Los tornados pueden ser de una gran variedad de colores, dependiendo del
ambiente en el que se formen. Aquellos que se desarrollan en un entorno
seco pueden ser prácticamente invisibles, apenas distinguibles sólo
gracias a los desechos en circulación en la base del embudo. Los embudos
de condensación que levantan pocos desechos o no los levantan pueden
ser grises o blancos. Al viajar por encima de un cuerpo de agua, como lo
hacen las trombas marinas, pueden volverse muy blancos o hasta azules.
Los embudos que se mueven lentamente, consumiendo grandes cantidades de
desechos y tierra, generalmente son más oscuros, tomando el color de los
desechos. Por su parte, los tornados en las Grandes Llanuras
pueden volverse rojos debido al tinte rojizo de la tierra, y los
tornados en zonas montañosas pueden viajar sobre terrenos cubiertos de nieve, volviéndose de un blanco brillante.
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